Hace
años, cuando no había móviles, y queríamos hablar con algún amigo, le
llamábamos a casa y hablábamos con su padre, su madre, hermano/a antes de que
te pasasen con la persona a quien llamabas. Eras poco menos que amigo de los
padres de tus amigos porque terminabas hablando con ellos de cómo te iban los
estudios, a tu familia, etc. Llegaron los móviles y esto desapareció. Ya
sabíamos que al llamar sólo tu interlocutor cogería el teléfono (o no).
Desaparecía el contacto con la familia de tus amigos. Hoy, es difícil conocer a
los amigos de tus hijos porque sólo sabes su nombre en el mejor de los casos,
con lo que no sabrás si es compañero de clase, dónde vive, etc. y eso quita
información a los padres para poderse preocupar u ocupar de las amistades de
sus hijos. De ahí el abismo que hoy día hay entre padres e hijos en cuanto a
relaciones se trata si no existe una buena comunicación entre ellos.
Pero
dándole otra vuelta de tuerca a este
argumento, vemos que hoy, ni siquiera se habla por teléfono. De eso se han dado
cuenta las compañías de telecomunicaciones, que ofrecen llamadas ilimitadas a
sus clientes porque saben que no las van a consumir. Hemos pasado a
comunicarnos por escrito, incluso entre familiares directos. Ya no llamamos. Ya
no hablamos. Sólo escribimos usando WhatsApp, Twitter, Facebook, mails, etc.
Trasladando
esto al mundo del trabajo, vemos que cualquier actividad que se realiza, todos
la piden por escrito. Quien no oye a diario: “pónmelo en un mensaje y ya lo veo
y te digo”. La actividad comercial se ha reducido a mensajes de texto por
cualquiera de las aplicaciones que he comentado antes. Es más, no tenemos
tiempo para hablar. Todos a nuestro alrededor se comunican con mensajes breves
y directos y es la única forma de llegar
a más potenciales clientes. Si todos lo hacen, y yo no lo hago, el Mercado me “expulsa”
automáticamente. El problema es que en estos mensajes tan breves difícilmente se
puede explicar a qué es lo que te dedicas y qué ofreces al “Mundo”, y en un
porcentaje elevadísimo nunca son leídos, a pesar de que es posible que lo que
te ofrecen puede ser muy interesante al menos oírlo. Hemos pasado de no tener
tiempo para hablar a ni siquiera tener tiempo para leer.
Todo va
demasiado rápido y muchos quedarán en el camino. Pero no hay vuelta atrás.