lunes, 1 de diciembre de 2014

La soledad de las Redes Sociales

Es raro encontrar ya a alguna persona que no utilice alguna red social o alguna aplicación móvil para comunicarse con el resto del mundo. En una entrada anterior en este blog hacía referencia a la desaparición de las conversaciones telefónicas como consecuencia del uso de Whatsapp. Pasado un tiempo razonable me reitero en la afirmación: ya casi nadie habla por teléfono, ni siquiera con familiares. Todo lo expresamos por escrito. Y es una pena.
En esta ocasión quiero hacer la reflexión de lo que opino sobre las redes sociales. De forma gráfica sería como un pabellón de deportes inmenso, lleno de gente, donde se escucha un ruido ensordecedor porque todo el mundo habla a la vez y nadie escucha a nadie. Es una multitud de conversaciones entre uno y nadie. Cada usuario habla solo, pensando que todos le escuchan, y salvo excepciones, nadie te escucha. A nadie le interesa lo que dices y piensas. Cualquier usuario de estas redes piensa en su interior que está acompañado por mucha gente, y cada día se esfuerza en ampliar su círculo de “amistad”, como si realmente quien te sigue o te dice que le gustas realmente tuviese interés en conocerte. Es una lucha diaria por ampliar esa cifra. Y de qué sirve tener 5000 seguidores en Twitter si luego a la hora de la verdad no tienes con quien siquiera hablar?
En cuanto a una obligatoria presencia en las redes por parte de las empresas puedo entenderlo, pero me cuesta creer que esta presencia ayude a aumentar las ventas, ni siquiera a aumentar el conocimiento de su existencia. La única publicidad efectiva es la directa, y esa cuesta dinero. Si no fuese así, difícilmente usaríamos multitud de servicios que creemos gratuitos pero que gracias a la publicidad se financian (periódicos, televisiones, radios,…).

La única ventaja que veo a las redes sociales es que mantiene ocupada y entretenida a mucha gente que no tiene otra cosa que hacer, que por desgracia no tienen una ocupación laboral y que “matan” su tiempo delante de estas redes esperando que pase el día. A fin de cuentas, pensar es enfermizo, y estar ocupado aunque sea en esto, alivia la soledad.

miércoles, 15 de enero de 2014

El dilema de elegir entre veneno de abeja, de serpiente o la baba de caracol


Hoy mientras desayunaba oyendo la radio me ha surgido una duda que difícilmente puedo resolver. Oigo un anuncio en el que intentan venderme otra pócima de la eterna juventud, dejaré de tener patas de gallo, arrugas,  código de barras,… se trata de “veneno de abeja”. No!! No puede ser, pensaba que era  el “veneno de serpiente” lo que me haría parecer eternamente joven.

Se me atragantó la tostada cuando caí en la cuenta que tuve la tentación hace meses de comprar “baba de caracol”… Siempre son los mismos, un tal Ramiro entre otros, que es un fenómeno. Es más, tal como te vende la película, te hace pensar que eres estúpido si no compras el producto, y si no lo haces en media hora, doblemente estúpido. No es casualidad que siempre te ofrezcan esa media hora para que corras a comprar “veneno de abeja”,… porque si no, no te aprovechas del 2 por 1, del regalo ahuyenta roedores,  del aparatito para evitar la cal en las tuberías, de la gargantilla bañada en oro,…

Mientras te cuenta sus bondades, te dice que tienen un efecto “2”, en dos minutos ya notas sus efectos, y en dos horas ya empiezas a verle resultados. Increíble!! Creo que voy a comprar el veneno de la abeja, encima le voy a dar una capita de baba de caracol, y con el veneno de serpiente voy a hacer un chupito con el antical y me lo voy a beber, a ver si me cura una úlcera que tengo en el estómago. Espero en un par de días tener la piel de un adolescente, eso sí, sin acné… bueno, si me salen esos bonitos granitos, seguro que viene mi amigo Ramiro y me da otra pócima mágica. Igual me sorprende con "sudor de iguana".