Es raro encontrar ya a alguna persona que no utilice alguna
red social o alguna aplicación móvil para comunicarse con el resto del mundo.
En una entrada anterior en este blog hacía referencia a la desaparición de las
conversaciones telefónicas como consecuencia del uso de Whatsapp. Pasado un
tiempo razonable me reitero en la afirmación: ya casi nadie habla por teléfono,
ni siquiera con familiares. Todo lo expresamos por escrito. Y es una pena.
En esta ocasión quiero hacer la reflexión de lo que opino
sobre las redes sociales. De forma gráfica sería como un pabellón de deportes
inmenso, lleno de gente, donde se escucha un ruido ensordecedor porque todo el
mundo habla a la vez y nadie escucha a nadie. Es una multitud de conversaciones
entre uno y nadie. Cada usuario habla solo, pensando que todos le escuchan, y
salvo excepciones, nadie te escucha. A nadie le interesa lo que dices y
piensas. Cualquier usuario de estas redes piensa en su interior que está
acompañado por mucha gente, y cada día se esfuerza en ampliar su círculo de “amistad”,
como si realmente quien te sigue o te dice que le gustas realmente tuviese
interés en conocerte. Es una lucha diaria por ampliar esa cifra. Y de qué sirve
tener 5000 seguidores en Twitter si luego a la hora de la verdad no tienes con
quien siquiera hablar?
En cuanto a una obligatoria presencia en las redes por parte
de las empresas puedo entenderlo, pero me cuesta creer que esta presencia ayude
a aumentar las ventas, ni siquiera a aumentar el conocimiento de su existencia.
La única publicidad efectiva es la directa, y esa cuesta dinero. Si no fuese
así, difícilmente usaríamos multitud de servicios que creemos gratuitos pero
que gracias a la publicidad se financian (periódicos, televisiones, radios,…).
La única ventaja que veo a las redes sociales es que
mantiene ocupada y entretenida a mucha gente que no tiene otra cosa que hacer,
que por desgracia no tienen una ocupación laboral y que “matan” su tiempo
delante de estas redes esperando que pase el día. A fin de cuentas, pensar es
enfermizo, y estar ocupado aunque sea en esto, alivia la soledad.