No nos
levantamos ningún día sin escuchar Crisis por todos sitios, radio, prensa, tv…
Muchos, como es mi caso, hemos pasado por grandes empresas, con personal operativo, puestos intermedios o directivos. La falta de confianza ha hecho
que el consumo privado haya menguado las ventas hasta cifras inimaginables.
Todos consumimos menos, el ocio se ha minimizado, la compra de bienes de equipo
se ha estancado y en definitiva se ha
perdido la “alegría” de comprar que teníamos hace no muchos años. Vivíamos en
un mundo perfecto, teníamos buenos coches, comíamos en restaurantes con mucha
frecuencia, viajábamos al extranjero, etc., etc. pero todo era una mentira.
Recuerdo en mis años de estudios cómo se ponía de ejemplo a la sociedad
norteamericana como ejemplo de cómo consumir y vivir por encima de sus
ingresos. Se trataba de una sociedad endeudada de forma continuada. Aquí lo
copiamos y empezamos a consumir si control. Y de aquellos polvos, estos
lodos. La recaudación de todo nuestro
consumo, cotizaciones sociales e
impuestos de sociedades daba para todo, incluido el mantenimiento del Estado de
Bienestar: sanidad gratuita y universal, educación gratuita y universal. Barra
libre para todo y para todos. Efecto llamada a países del norte de Africa,
Hispanoamérica y países satélites de la antigua URSS. Ahora somos nosotros los que nos vamos, y
lamentablemente los españoles que se van, muchos son universitarios, que los
hemos formado y pagado aquí para que al final lo “aprovechen” otros países. Es
desolador.
Cuantos
adolescentes con menos de 18 años encontraron trabajo en la construcción
cobrando lo que yo nunca he ganado como economista? La fiesta se ha acabado.
Todos somos más pobres, mucho más pobres. Es triste pensar que los que nacimos
en los años 60-70 hemos vivido mejor que
nuestros padres, gracias a sus esfuerzos, y que ahora nosotros no somos capaces
de dejarles a nuestros hijos lo que sí recibimos de aquellos.
Aún
así, todos los días hay que tirase a la calle e intentar una salida a todo
esto. Lo que tengo muy claro es que a tu puerta nadie llamará para darte un
puesto de trabajo. Hay que salir con la cabeza bien alta y repetirse una y otra
vez: “esta partida la tengo que ganar, si o si!”
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