lunes, 29 de octubre de 2012

LA FIESTA HA ACABADO.

No nos levantamos ningún día sin escuchar Crisis por todos sitios, radio, prensa, tv… Muchos, como es mi caso, hemos pasado por grandes empresas, con personal operativo, puestos intermedios o directivos. La falta de confianza ha hecho que el consumo privado haya menguado las ventas hasta cifras inimaginables. Todos consumimos menos, el ocio se ha minimizado, la compra de bienes de equipo se ha estancado  y en definitiva se ha perdido la “alegría” de comprar que teníamos hace no muchos años. Vivíamos en un mundo perfecto, teníamos buenos coches, comíamos en restaurantes con mucha frecuencia, viajábamos al extranjero, etc., etc. pero todo era una mentira. Recuerdo en mis años de estudios cómo se ponía de ejemplo a la sociedad norteamericana como ejemplo de cómo consumir y vivir por encima de sus ingresos. Se trataba de una sociedad endeudada de forma continuada. Aquí lo copiamos y empezamos a consumir si control. Y de aquellos polvos, estos lodos.  La recaudación de todo nuestro consumo, cotizaciones sociales  e impuestos de sociedades daba para todo, incluido el mantenimiento del Estado de Bienestar: sanidad gratuita y universal, educación gratuita y universal. Barra libre para todo y para todos. Efecto llamada a países del norte de Africa, Hispanoamérica y países satélites de la antigua URSS.  Ahora somos nosotros los que nos vamos, y lamentablemente los españoles que se van, muchos son universitarios, que los hemos formado y pagado aquí para que al final lo “aprovechen” otros países. Es desolador.

Cuantos adolescentes con menos de 18 años encontraron trabajo en la construcción cobrando lo que yo nunca he ganado como economista? La fiesta se ha acabado. Todos somos más pobres, mucho más pobres. Es triste pensar que los que nacimos en los años 60-70 hemos vivido mejor  que nuestros padres, gracias a sus esfuerzos, y que ahora nosotros no somos capaces de dejarles a nuestros hijos lo que sí recibimos de aquellos.

Aún así, todos los días hay que tirase a la calle e intentar una salida a todo esto. Lo que tengo muy claro es que a tu puerta nadie llamará para darte un puesto de trabajo. Hay que salir con la cabeza bien alta y repetirse una y otra vez: “esta partida la tengo que ganar, si o si!”

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